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La importancia de las trampas de feromonas en la detección del picudo del algodonero

El picudo del algodonero (Anthonomus grandis Boheman) es la plaga más importante del algodón en Argentina y América, tanto por la incidencia en los rendimientos como por su difícil control (Peterlin et al., 2007), debido a que presenta una serie de características claves que debemos tener en cuenta.

Trampa instalada

El picudo del algodonero (Anthonomus grandis Boheman) es la plaga más importante del algodón en Argentina y América, tanto por la incidencia en los rendimientos como por su difícil control (Peterlin et al., 2007), debido a que presenta una serie de características claves que debemos tener en cuenta:

– Altamente específico del algodón.
– Daña las estructuras reproductivas por alimentación y también por oviposición.
– Alto potencial de reproducción con varias generaciones por año.
– Pocos enemigos naturales.
– Sobrevive como adulto a la estación invernal.
– Alta capacidad de dispersión.
El error más común que se comete en el control de cualquier plaga es intentar combatirla solamente con la realización de numerosas y costosas aplicaciones de productos químicos.
Debido a que el nivel poblacional de un insecto fluctúa en base a aspectos climáticos y de manejo, el técnico debe contar con información suficiente de lo que está ocurriendo con las poblaciones del insecto en el lote y zonas circundantes, a fin de tomar una decisión correcta de las medidas de manejo complementarias a implementar. Las trampas de feromonas pueden ayudarnos en ese sentido.
Las principales funciones que puede ofrecernos el uso de trampas con feromonas en los cultivos de algodón podrían resumirse en:
1) permite conocer la presencia del picudo del algodonero, aun cuando las poblaciones sean muy pequeñas, las que a veces resulta muy dificultoso de determinar si se lo hiciera por métodos visuales o mecánicos tradicionales.
2) permite establecer relaciones entre las capturas en trampa y los sectores del campo por donde comienzan los ataques.


3) indirectamente también permite reducir las poblaciones de picudo ya que no solamente los captura, sino que al contener un insecticida también los mata, por lo que con un número adecuado por lote podría emplearse como medida complementaria para controlar el insecto.
Por lo tanto, las trampas se constituyen en una herramienta fundamental para la obtención de información sobre la población de picudos que servirá como base para la toma de decisiones que permitan implementar acciones que impidan o retrasen la colonización de los picudos en el cultivo de algodón.

Descripción de la trampa

La trampa para picudo del algodonero (Figura N° 1) esencialmente está constituida por:
– Cuerpo de la trampa (cilindro basal) plástico de color verde claro, abierto en el extremo inferior pero parcialmente cerrado en el extremo superior ya que presenta 5 orificios por donde se comunica con el cono (4 laterales y uno central). El color verde claro del cilindro imita el color de las plantas donde el insecto se alimenta y sirve como atractor a cortas distancias.
– Cono de constitución plástica flexible que presenta una gran cantidad de orificios en forma de rejilla en toda su superficie y que remata en el punto superior con un orificio de salida que comunica con el interior del cilindro colector. Este orifico debe ser periódicamente inspeccionado y de ser necesario limpiado, ya que las arañas suelen tejer sus redes para capturar a los insectos obturando el orificio. Externamente y unos 4 cm por debajo del extremo del cono, presenta un aro en donde asienta el cilindro colector superior.
– Cilindro colector de material plástico rígido y transparente que apoya en el aro exterior del cono y que lleva en su interior a la feromona y el insecticida. En su porción inferior posee 4 apéndices que encastran dentro de los 4 orificios superiores del aro del cono y que con un suave giro permite que el cilindro quede trabado y adherido firmemente al conjunto. En su porción superior presenta numerosos orificios por donde se difunde el olor de la feromona pero cuyos diámetros impiden la entrada y/o salida de los insectos. Es importantemantener limpios estos orificios de excrementos y tierra producto del asentamiento de pájaros, ya que al taparse impide la difusión de las feromonas. Una solución al problema de asentamiento de pájaros que nos ha dado buenos resultados, es la colocación de un palo a unos 30 cm de distancia de la trampa y cuya altura debe superarla en unos 20 cm.
– En el interior del cilindro colector se coloca la feromona en un “dispenser” o plaqueta de forma cuadrada de constitución esponjosa protegida por una lámina de plástico en ambas caras que permite la liberación controlada y constante del producto. La feromona es una sustancia química natural excretada por los machos junto con los excrementos, después de alimentarse de botones florales o cápsulas pequeñas con el objetivo de atraer a las hembras de la especie. Cuando la alimentación de los machos es con hojas o brotes tiernos (etapa vegetativa del algodón) la cantidad de feromona producida es muy pequeña (Manessi, 1997).
Es por ello que la eficiencia de atracción de la feromona es muy buena cuando no se presentan estructuras reproductivas en el cultivo, existiendo numerosas verificaciones científicas acerca de la preferencia de los adultos por las estructuras reproductivas ante la presencia simultánea de las dos feromonas, la artificial en la trampa y la natural excretada por el macho. Tumlinson et al. (1969) identificaron y sintetizaron los cuatro componentes de la feromona del picudo la que fue denominada “glandure” por Hardee et al. (1972).
– Conjuntamente con la feromona se coloca en el cilindro colector otro dispenser o plaqueta (a veces es una pequeña briqueta) con un insecticida que tiene por función la muerte del insecto y de esa manera asegurar la captura en el interior de la trampa.

¿Cómo actúa la trampa?
– El insecto es atraído hacia la trampa tanto por la feromona como por el color verde de la misma.
– Una vez que se introduce en el interior del cuerpo de la trampa, pasa por los orificios ubicados en la porción superior de la misma, se traslada a través del cono cuya porción de malla plástica termina en un orificio por el que ingresa al cilindro colector.
– Allí quedan atrapados y en la búsqueda de una salida al exterior se ponen en contacto con el insecticida y muere por contacto directo.

Precauciones de manejo
– Las trampas son muy efectivas para la detección del picudo mientras no existan estructuras reproductivas en el cultivo (período atractivo del algodón).
– Si bien lo ideal es mantenerlas activas durante todo el año, en el caso de las trampas no oficiales como mínimo deben ser activamente monitoreadas en por lo menos dos períodos: el primero desde los 60 días previos a la siembra hasta la aparición del primer pimpollo y el segundo desde el fin de la floración efectiva hasta 90 días posteriores.
– Deben ser colocadas cerca de los lotes o futuros lotes de algodón, a una altura de entre 1,0 y 1,5 mt, sin malezas en un radio de un metro y en lugares soleados ya que las trampas ubicadas debajo o cerca de árboles o lugares sombreados, pierden eficacia.
– El poder atractivo de la feromona y del insecticida es de 21 días por lo que se debe tener especial cuidado con el recambio de los mismos al completar dicho período. En el primer cambio luego de cumplido el plazo de 21 días, no retirar las primeras plaquetas y agregar nuevas por lo que quedarán dentro del cilindro colector, 2 de insecticida y 2 de feromonas. Todas las plaquetas deben estar fechadas con el día de colocación, para reconocer cuales son las más antiguas.
En el próximo recambio se retiran el insecticida y la feromona más antiguas y se colocan nuevas con fecha (Sosa et al.,2012). Luego de la siembra del algodón, aconsejo que el cambio se produzca cada 14 días.

– Un error cometido por parte de los monitoreadores de trampas al momento de cambiar la feromona, es dejar tirada en el piso cercano a la trampa, la feromona que se desecha durante el cambio que, si bien tiene actividad reducida, todavía está activa y puede atraer individuos, bajando la efectividad de la trampa.- Una trampa mal colocada, con algunas porciones destruidas por donde el picudo puede escaparse, sucias por tierra o excrementos de pájaros, pueden dar datos erróneos y resultar en una subestimación de la población real de picudos (Polack, 2011).
– Un dato que puede ser interesante de tener en cuenta en aquellos cultivos que dejan de ser atractivos para el insecto, es que si no se detecta ningún picudo en un campo de algodón en el que se han colocado trampas en cantidad suficiente durante un período de tiempo igual a una generación (máximo 21 días), tenemos una probabilidad del 99% de que no ha ocurrido ninguna reproducción en ese lote. Esta probabilidad aumenta al 99,99%, si ningún picudo fue capturado en tres generaciones sucesivas (Manessi, 1997).
– La integración de trampas y aplicaciones de productos químicos en forma preventiva durante la etapa de menor susceptibilidad del cultivo puede generar un manejo más adecuado de la plaga, más efectivo y menos costoso que el uso de numerosas aplicaciones durante la etapa de mayor susceptibilidad.
– La falta de mantenimiento de las trampas puede resultar en una subestimación de la población real de picudos y por lo tanto aumento de las pérdidas o bien retrasos en la implementación de los tratamientos que resulta en una disminución del rendimiento y un aumento de los costos de control de esta plaga.

Número de trampas por lote
Según Pollack (2011) la distancia máxima que se desplazan los picudos que salen de la diapausa para comenzar la colonización de un nuevo cultivo no es conocido con exactitud, sin embargo las evidencias indican que es solo de unos pocos metros y generalmente comienzan su ataque en los bordes del cultivo próximo a la zona de refugio, por lo que identificar esos sectores antes de la siembra y actuar en consecuencia es lo más adecuado para reducir los costos de control.
Lo ideal sería colocar una trampa cada 100 metros en el perímetro del lote. El hecho de disponer las trampas en el perímetro de los lotes se basa en que, al inicio de la temporada, los picudos suelen atacar desde los bordes y lo hacen con mayor intensidad en los lugares donde encontraron las condiciones más adecuadas para lograr un mayor porcentaje de sobrevivencia en la temporada sin cultivo.
Si la colocación de trampas se hace en el perímetro del lote, la forma y el tamaño del lote importa. Si la recomendación por ejemplo es de colocar 1 trampa cada 100 metros, la necesidad total de trampas por lote aumenta con el incremento del perímetro, pero la necesidad de trampas por hectárea (ha) disminuye.
Esto puede ejemplificarse en las siguiente tabla y diagramas:

Esta es la razón por la que cuanto más pequeños son los lotes a monitorear, mayor es el costo del sistema. En lotes de hasta 5 has en caso de no poder acceder al número de trampas aconsejado, se debería colocar como mínimo 1 trampa por lote y cuando los lotes tienen hasta 20 has, por lo menos 1 trampa por cada punto cardinal del lote.
Sin embargo y basado en nuestra experiencia, en aquellos lotes con superficies superiores a las 25 has se puede colocar una trampa cada 150 metros de perímetro; en lotes superiores a las 100 has, colocar una trampa cada 200 metros de perímetro y si el lote tiene una superficie de 200 has o mayor, se puede colocar 1 trampa cada 300 metros de perímetro.

En el caso de que alguna sección del lote limite con montes, fuentes naturales de agua, canales de drenaje, pajonales o cualquier otro posible refugio de la plaga o inclusive registre mayor número de caídas por trampa, es aconsejable colocar una mayor densidad de trampas cada 100 metros en dichas zonas.

Frecuencia de Monitoreo
La frecuencia de monitoreo de las trampas en un lote varía en función de la época del año en que nos encontremos:
– Desde la fecha de finalización de la destrucción del rastrojo hasta 45 días antes de la primera fecha de siembra, el monitoreo debe ser quincenal (invierno).
– Desde 45 días antes de la siembra hasta el comienzo del pimpollado, el monitoreo debe ser semanal (primavera).
– Desde pimpollado hasta el fin de la floración efectiva, la captura en trampas es indiferente ya que el cultivo es más atractivo para el insecto, por lo que de mantenerse el monitoreo en esta etapa, el mismo debe hacerse cada15 días(verano). Según Manessi (1997) son necesarias 10 trampas por ha para detectar la presencia de picudo en esta etapa.
– Desde fin de floración efectiva hasta el último día habilitado para la destrucción del rastrojo, el monitoreo debe ser semanal (otoño).
Los datos recabados en el monitoreo deben asentarse en una planilla de monitoreo que contemple como mínimo la fecha, identificación de la trampa, su ubicación por coordenadas de latitud y longitud, el número de picudo capturados (si se puede, diferenciarlos por color rojizo o gris), daños a la trampa y estado fenológico del cultivo.

Autor: Ing. Agr. Mario H. Mondino – EEA INTA SE